Hacemos la selección del material y, por una vez, no exageramos mucho con la chatarra: 3 clavijas de roca, 5 tornillos de hielo, 2 ó 3 mosquetones de seguridad, 1 ancla de nieve cada uno y varias cintas. Ah! Y dos cuerdas. No, la verdad es que no es mucho para lo que solemos llevar habitualmente.
Preparamos las mochilas, nos vestimos de faena y, ¡hala!, ponte a las 22.30 de la noche a hacer una aproximación de varias horas en Pirineos y en invierno.
¡Y encima nos gusta!
Al poco de empezar ya tenemos dudas. ¿Por dónde irá el trazado de la carretera en verano? Así que decidimos seguir la pista de esquí que baja de más arriba.
Como siempre me suele ocurrir, empiezo a pensar en lo a gusto que estaría en casa y no aquí, de noche, pasando frío, haciendo el…
Pero bueno, hay que seguir, de modo que allá vamos.
Al poco rato nos adelanta una máquina de las que apisonan la nieve. ¡Ganas tiene! Con lo bien que se tiene que estar en casa…
Llegamos a una bifurcación y observamos que la máquina se mueve por nuestra izquierda, pero los telesillas siguen recto y nos parece que la máquina está demasiado arriba como para que eso sea la carretera por lo que nosotros continuamos recto.
Nos guiamos también por unas huellas, pero cuando estas desaparecen tenemos algunos problemas. No hay arrastres, no se ve pista de esquí, nada de nada. Manu comenta que recuerda una linea de alta tensión; pues nada, a buscar torres eléctricas, hasta que creemos ver una. Seguimos los cables eléctricos y damos también con los arrastres. Parece que la cosa mejora.
En eso, miramos hacia la izquierda y… ¡no es posible!, pero si parece… no, no puede ser, pero sí que lo es: el Tallón con su poderosa cara norte y los Gabietos se alzan majestuosos frente a nosotros, visibles gracias al brillo de la nieve en la oscura noche. Vamos bien, mas aún no ha terminado la aproximación.
Encaminamos nuestros pasos hacia ellos y, al llegar a unos postes indicadores, seguimos hacia el Pico del Puerto. Subimos por laderas siguiendo unas huellas que, en un momento, se desvían para bordear el Pico del Puerto por donde va la carretera. Pero en la oscuridad de la noche parece expuesto, por lo que seguimos subiendo hacia la cima del Pico para bordearlo por una sección más fácil.
Aquí yo ya me voy quedando rezagado, al tiempo que me voy desanimando, pero no me puedo echar para atrás puesto que voy con Manu y César. Se les ve tan en forma…
En fin, aprieto los dientes y sigo subiendo. La jodida arista en la que nos encontramos parece no tener fin y, para redondear el momento, comienza a soplar un viento de cuidado. Para colmo de males, o de torturas, cuando parece que ya has terminado de subir, aparece otro resalte que significa subir otro poco más…
Pero todo tiene fin y esta montaña no es una excepción. Cuando alcanzamos la cima del Pico del Puerto (2476m) son las 00.30 horas. Ascensión nocturna invernal a un pico de Pirineos. ¡Si señor! Con dos coj….
Ahora ya me siento mejor pues sólo nos resta la bajada hasta el collado de Bucaruelo donde montaremos el vivac, y la bajada me gusta. Me dejo deslizar entre la piedra rota y diversos escalones rocosos hasta alcanzar la nieve. Continuo por ella hasta que, al notar que la inclinación aumenta, le pido a Manu que me saque el piolet, no vaya a ser que la fastidiemos ahora que comienzo a disfrutar.
Llegamos al collado y, al no encontrar las piedras que señalan el vivac, nos acercamos a una tienda de campaña situada en una zona bastante maja y algo protegida y nos aposentamos allí.
Cavamos un agujero de 2 X 2 y medio metro de profundidad y nos metemos en él a dormir tras haber comido algo de chocolate y alguna cosilla más.

Son casi las 2.00 cuando por fin podemos descansar.
Por el momento el cielo se encuentra despejado y estrellado, aunque sopla viento, mas en el hoyo no se nota nada, salvo nuestro propio cansancio, por lo que pronto caemos en brazos de Morfeo.
Al pobre francés que está en la tienda de al lado lo hemos despertado con nuestros trabajos de zapador (picar nieve dura, palear cascotes de nieve, apisonarla…), pero no ha dicho nada.
Tras una noche más o menos tranquila, los despertadores tocan diana a las 6.30.
Tres pares de ojos hinchados como los de un besugo se dejan entrever en las aberturas de los sacos.

Amanece poco a poco, al mismo tiempo que nosotros también entramos en actividad, despacio, azuzados por un Manu pletórico de energía. ¿Cómo lo hará?
Desayunamos un té común en el cazo del camping-gas y unas galletas. Sabe mejor compartido. ¡Pero ya vale! Preparamos las mochilas de ataque; primero César, que espera un buen rato, y después Manu y yo, que tengo la extraña costumbre de ser el último. Yo ya me pongo los crampones y el arnés, más que nada para no perder luego tiempo.
Comenzamos a andar hacia las 7.45. El francés ha asomado la cabeza y, tras decirle dónde vamos, nos comenta que es bonito y nos desea buena suerte. Para suerte la suya, que bajará con esquís hasta Gavarnie.

Al poco de andar la pared Norte del Taillón queda a la vista. Si lo mejor son las aproximaciones cortas, como la que tenemos hoy, así da gusto.
Vemos la vía normal de la cara norte y, un poco a la derecha de esta, en la parte baja de la pared, unos corredores de hielo más verticales. Manu y César proponen ir por ellos, por el tema de la elegancia; a mí me da igual, aunque sinceramente preferiría la entrada normal, por quitarnos dificultades extra… Nos acercamos a ellos y parece mejor el de la izquierda, así que mientras mis compañeros se ponen los adornos de escalada, yo me meto en una placa de hielo blanco (qué vicio), de unos 55º - 60º de inclinación.
Oigo alguna voz en tono de reprimenda amable: “que no esperas”, “que vaya prisas”, etc…
Rapidamente me caliento; esto es lo mío, el hielo y la roca. Tras unos escaloncillos me meto en un tramo un tanto chungo. Por la derecha, roca vertical y sin agarres; al frente, resalte vertical de nieve polvo y a la izquierda, resalte vertical de hielo.Manu me dice que intente montar algo para asegurar el paso, pero ya me he encabezonado y, algo loco, le digo que no veo nada (realmente no hay mucho para asegurar), por lo que voy a intentar pasarlo a pelo pues me veo con fuerzas.
“No te la juegues, espera que lleguemos ahí para ver qué se puede hacer”. No les hago caso y tiro por el hielo de la izquierda. Me lo tomo con calma, respirando pausadamente y clavando los piolets y crampones tranquilamente, sin acelerarme, confiando en lo que hago, en lo que sé hacer.
Supero el resalte y tras montar la reunión necesito la cuerda para asegurarles a ellos, pues no quieren pasar a pelo. Manu me lanza la cuerda sin conseguir hacerla llegar hasta mi posición, por lo que hago una cadena con cintas expreses y cintas anudadas que llega hasta ellos y así pueden anudar la cuerda a un extremo y la puedo recuperar.
Les aseguro desde una reunión montada sobre un ancla de nieve y dos piolets sólidamente anclados.Primero sube Manu y me comenta que va a seguir subiendo para ver si salimos ya de esta zona.
Mientras sube por encima de mi posición, César hace lo propio por debajo. Me alcanza y me rebasa, llegando hasta la reunión que Manu ha montado en una zona de 45º - 50º.
Cuando ya están asegurados a la otra reunión, desmonto la mía y me ato a la cuerda; de ese modo subiré más tranquilo. Cuando alcanzo el otro punto de aseguramiento, compruebo que la pendiente es bastante franca, sin muchos más resaltes.
Continuamos y, tras rodear un pequeño resalte de 55º - 60º oímos voces a nuestra izquierda donde descubrimos otras nueve personas más en la vía.
Al vernos, nos comentan que hay buena huella por donde van ellos, y comenzamos una travesía ascendente para encontrar la trazada. Manu mete el turbo y qué manera de abrir huella hasta la otra trazada. ¡Menudas zancadas! A César y a mí nos cuesta seguirle a ese ritmo. Manu ha alcanzado rápidamente a las otras cordadas y adelanta a varias de ellas. Mientras, César y yo nos mantenemos en las últimas posiciones para recuperarnos un poco y poder adelantar a las otras cordadas algo más tarde. Finalmente les adelantamos hasta encontrarnos con un Manu medio aburrido de esperarnos al pie de un resalte en el que a Juanillo le cayó hace 2 años un pequeña avalancha producida por un esquiador extremo que bajaba por aquí.
Picoteamos algo y superamos el resalte con un poco de mixto (facilón, no os creais) y seguimos ascendiendo. Cada vez tenemos más ganas de acabar; parece que ya se termina esto, por lo que me pongo delante a tirar, aprovechando que hay buenas huellas.
¡Por fin! Salimos de la Norte a 25 metros de la cima, situada a 3144 metros. Los recorro, llego a ella y… ya está. ¿Y ahora? Ahora a descansar y esperar a César, que viene algo retrasado. Hoy no es su día. Viene algo flojillo, pero seguro que pronto le dará la vuelta a la situación. Nos damos la mano Manu y yo, y nos sentamos a comer y beber mientras aguardamos la llegada de nuestro amigo, el cual no tarda en aparecer. Le hacemos un hueco y le damos comida y bebida.
Tras sacarnos la foto de rigor toca bajar. Lo haremos por el glaciar de Gabietos. Nos dirigimos al collado situado entre el Taillón y los Gabietos por lo que debemos efectuar un vertiginoso flanqueo de la cara SO del Taillón. Tras alcanzarlo seguimos una buena huella que desciende hacia el glaciar.
Al vernos, nos comentan que hay buena huella por donde van ellos, y comenzamos una travesía ascendente para encontrar la trazada. Manu mete el turbo y qué manera de abrir huella hasta la otra trazada. ¡Menudas zancadas! A César y a mí nos cuesta seguirle a ese ritmo. Manu ha alcanzado rápidamente a las otras cordadas y adelanta a varias de ellas. Mientras, César y yo nos mantenemos en las últimas posiciones para recuperarnos un poco y poder adelantar a las otras cordadas algo más tarde. Finalmente les adelantamos hasta encontrarnos con un Manu medio aburrido de esperarnos al pie de un resalte en el que a Juanillo le cayó hace 2 años un pequeña avalancha producida por un esquiador extremo que bajaba por aquí.Picoteamos algo y superamos el resalte con un poco de mixto (facilón, no os creais) y seguimos ascendiendo. Cada vez tenemos más ganas de acabar; parece que ya se termina esto, por lo que me pongo delante a tirar, aprovechando que hay buenas huellas.
¡Por fin! Salimos de la Norte a 25 metros de la cima, situada a 3144 metros. Los recorro, llego a ella y… ya está. ¿Y ahora? Ahora a descansar y esperar a César, que viene algo retrasado. Hoy no es su día. Viene algo flojillo, pero seguro que pronto le dará la vuelta a la situación. Nos damos la mano Manu y yo, y nos sentamos a comer y beber mientras aguardamos la llegada de nuestro amigo, el cual no tarda en aparecer. Le hacemos un hueco y le damos comida y bebida.Tras sacarnos la foto de rigor toca bajar. Lo haremos por el glaciar de Gabietos. Nos dirigimos al collado situado entre el Taillón y los Gabietos por lo que debemos efectuar un vertiginoso flanqueo de la cara SO del Taillón. Tras alcanzarlo seguimos una buena huella que desciende hacia el glaciar.
Al alcanzarlo vemos gente metida en los corredores de la cara Oeste del Taillón. Algo de envidia sí que nos dan, pero estamos muy contentos con lo que hemos hecho. Cada uno a su nivel. Para nosotros ha sido una “primera” en algo “serio”.
Llaneamos por el glaciar, en principio sin grietas, y alcanzamos el empinado corredor que nos depositará, casi casi, en el collado en el que tenemos instalado nuestro “hogar” por unas horas. Al llegar a la ruta normal de la Brecha de Roldán nos cruzamos con gente que se dirige al refugio de Sarradets. No nos dan ninguna envidia, en parte por lo que les falta, en parte porque en “su” refugio no tendrán como techo las estrellas, al contrario que nosotros.
En poco tiempo nos plantamos en el collado y en nuestro “agujero”. El lugar del frncés ha sido ocupado por tres españoles, también con tienda.
Nosotros nos tiramos en nuestras esterillas y nos preparamos unos Sopinstant que nos reviven. Ahora ya es el momento del reposo y de planear lo de mañana, al tiempo que saboreamos lo que hemos hecho hoy.
En unas rocas, a unos 150 metros vemos que cae agua de un nevero al cual le está dando el sol. Me acerco y lleno las cantimploras para no tener luego problemas de agua a la hora de la cena. Del mismo modo aprovecharemos para rehidratarnos lo más correctamente posible.
Tras coger agua y beber un buen trago, me quedo embutido en mi soledad, disfrutando de esos momentos de intimismo que sólo se pueden conseguir cuando estás en paz contigo y con los demás, y admirando un paisaje como es el del paisaje del Valle de Ara en invierno.
Intento ver el corredor “Homenaje Cabezas de Hierro” a los Gabietos para ir mañana, pero parece una zona bastante cañera, por lo que habrá que pensar en otra cosa.
Ya veremos.
Vuelvo al “bullicio” de la zona de vivac con el agua y compruebo satisfactoriamente que en mi ausencia Manu y César han aprovechado el tiempo para convertir nuestro rudimentario vivac en un confortable agujero-hobbit con cocina y todo. Sólo falta el techo, las ventanas, puertas, wc… pero eso nos libraría de esta experiencia de dormir al aire libre en mitad de la nieve. Pero se lo han currado a base de bien. Hacia las 18 horas comenzamos a preparar la cena. Pasta, paté, chorizo, queso… todo un banquete. Comemos con gran apetito. Qué bueno está todo.
Nos ponemos las botas zampando; las tripas llenas y un ambiente de camaradería como no he conocido nunca. Nos reimos un montón y nos lo pasamos genial; es lo bueno de ir al monte con la gente adecuada. Hablamos de la vida y de muchos temas variados, no sólo de montaña.
Hacia las 19.30 nos metemos en los sacos de dormir y discutimos qué haremos mañana. Aunque no nos importaría bajarnos por la mañana, el tiempo es demasiado bueno y la nieve está en demasiado buenas condiciones como para irnos así, sin más.
La cosa se merece un esfuerzo por nuestra parte; no podemos llegar, pisotear sin más y marcharnos sin mayor esfuerzo.
Haremos algo sencillito, sin mucha aproximación.
Hay una pared que sube hacia les Tourettes y está a tan sólo 50 metros de nuestra posición. ¿Qué más se puede pedir? Mañana, no obstante, se decidirá a última hora qué hacer.
Caemos rendidos, viendo un impresionante atardecer hacia el valle de Ara, con un cielo rojizo en el que los últimos rayos de sol luchan con las nubes que cubren algunas cimas.
Encima nuestro, el cielo, completamente despejado, va encendiendo poco a poco la luz de sus estrellas. Osa Mayor, Osa Menor, estrella Polar… todas están ahí. Nos dormimos viendo la inmensidad del cielo, el cual se refleja en nuestras adormiladas retinas…
Un nuevo día amanece, pero no nos damos mucha prisa en levantarnos.
El día está despejado y hace buen tiempo. Entre ronroneos decidimos subir la pared junto al vivac.
Tras desayunar té con galletas, por supuesto, en el cuenco colectivo nos preparamos y nos acercamos hacia la pared, hacia una goulotte cortita, pero que está con nieve de no muy buena calidad.Me meto primero en ella y Manu, maliciosamente, me recuerda que hoy tampoco llevo la cuerda.
Supero en mixto un tramo especialmente podrido y vertical me encuentro con que Manu ya casi me ha alcanzado. César ha bordeado el corredor para no perde tiempo y así continuar rápidamente con la ascensión. Mientras, Manu abre huella…

Nos dirigimos hacia un estrechamiento vertical con hielo y monto una reunión de dos piolets y un tornillo de hielo. Manu sube primero, asegurando el paso con un tornillo. Monta reunión y nos asegura, primero a César y luego a mí. Les alcanzo y seguimos subiendo. Ahora ya sólo nos queda un pala de 55º - 60º en nieve bastante blanda. En este tramo soy yo quien abre huella.
Nos acercamos hacia la cresta y desde mi perspectiva parece afilada, por lo que me dan la cuerda y me aseguran, como precaución frente a una posible cornisa. Tras alcanzar la cresta compruebo que al otro lado no hay sino una sencilla pala de 40º que no reviste ninguna dificultad.Mis compañeros me alcanzan y, como no nos interesa seguir subiendo ante la ausencia de dificultades, bajamos por esta sencilla pala para rodear este espolón y regresar al vivac a recoger nuestras cosas y bajarnos ya hacia el coche.
Bordeamos por unas pendientes de 40º y enlazamos con el tramo inicial de la subida. Llegamos al vivac y hacemos nuestras mochilas. Ahora, la bajada. Afortunadamente hemos visto por dónde flanquea la gente el Pico del Puerto. Seguimos la traza por una nieve pastosa que da repelús y tras un largo tramo horizontal llegamos a las pistas de esquí.

Yo ya voy cascado, pero aún queda el descenso de la pista. ¡Ay! Quien tuviera unos esquís o unos big-foot. Bajamos por las pistas, atajando de vez en cuando. Hay bastante gente, por lo que vamos con cuidado.
Finalmente llegamos al coche, ¡Dios lo bendiga! Nos podremos quitar las pesadas botas de plástico y la mochila. Nos cambiamos de ropa y nos vamos para abajo para comer algo en algún pueblo. Paramos en Luz ST Sauveur, donde nos ponemos como bolas zampando toda la comida que nos quedaba, junto a un rocódromo al que lanzamos furtivas miradas de vez en cuando, imaginándonos trepando en él, pese a nuestro cansancio actual.
Como la tarde va desgranando las horas sin parar, salimos rapiditos para llegar a Irún a eso de las 20.30 y dar por finalizado un fin de semana difícilmente inigualable.
Componentes:
- César Varona
- Manu Eizagirre
- Ramón Acarreta


Kopon bendito, ke tiempos akellos. Casi ni me acuerdo !!!!!!!!
ResponderEliminarManu
paberse matau. Vos estan locos!!!!!
ResponderEliminar