Conocedor de la tristeza del adiós
permití que las alas de la ilusión
me acunaran en su regazo
durante unos días.
Ocultas de las miradas ajenas
quedaban las alegrías apagadas
escondidas en el fondo del corazón.
Pronto llegaría el mañana
con un nuevo amanecer.
Resurgiría de las cenizas
cual Ave Fénix la ilusión en mi ser.

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